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domingo, 6 de octubre de 2013

"Cuando un amigo se va..."







En silencio, solo, como tú querías,
quemaste tu camiseta
con la certeza de un cercano viaje sin retorno.

Compañero y guía de rutas imposibles,
hoy has tocado cumbre.




Siempre caminarás a nuestro lado.

NaDa





domingo, 31 de marzo de 2013

EDÉN








Había perdido la noción del tiempo contemplando el horizonte.

Los recuerdos se agolpaban en su mente conformando un puzle de cientos de piezas desordenadas. Hacía tanto tiempo ya...

Recordó la primera vez que, por caprichos del destino, sus miradas se habían encontrado.

Fue durante un mes de primavera que había decidido desplazarse hasta la costa para disfrutar de la conducción de su reciente adquirida máquina. Por fin había conseguido uno de sus sueños y ahora, culminaría un objetivo: pilotarla hasta la más bella ciudad situada en la costa mediterránea, aquel pequeño paraíso enclavado en lo alto de una colina, con sus blancas y encaladas casas engalanadas de luz y sol.

Había estacionado su moto a pocos metros de la Iglesia, cuyas espléndidas cúpulas de cerámica azul intenso le habían guiado hacia su destino, a través de las serpenteantes y empedradas callejuelas que escalaban desde el mar. La larga melena, sujeta por unas oscuras gafas de sol, un suave jersey de cuello alto, un chaleco de piel, en cuya delantera llevaba grabado de forma discreta su nombre y unos jeans, habrían protegido su menudo y bien formado cuerpo durante el viaje. De su mano izquierda  colgaba una pequeña mochila donde se adivinaba la abultada silueta de un casco.
Caminaba pausadamente, disfrutando del sonido de sus botas sobre las baldosas que brillaban como si hubieran sido pulidas por las expertas manos de un maestro ceramista, la fragancia de los almendros,  aliada con la fresca brisa,  producían en ella una extraña sensación de armonía y sosiego. 

Se dirigió hacia una cercana placita, donde pequeños tenderetes de artesanos con productos típicos de la zona, le aportaban  colorido y singularidad a un espacio ya de por sí fascinante,

A pocos metros,  un pequeño mirador  atrajo su atención; se acercó, apoyó sus brazos sobre la barandilla que revelaba herrumbrosa el paso del tiempo y contempló la perfecta y finísima línea que separaba el infinito de un mar rebosante de azules.

Se sintió observada. Alguien se aproximaba  hasta ella, atravesando la escasa distancia que les separaba, hasta situarse a su lado.

Alto, delgado, cabello negro revuelto por el viento, gafas oscuras.
Vestía cazadora y pantalones de cuero.  Anudado a su cuello, destacaba un peculiar pañuelo que habría cumplido su función durante la rodada. Sus botas, Milwaukee, aportaban al conjunto cierto aire de  marcialidad  que no dejaba indiferente a su paso.

-¿Acaso es tuyo el pura sangre que descansa al lado de la Iglesia? - la preguntó.

 Ella le miró, perdiéndose en sus ojos. Sintiendo el calor de su sonrisa posarse en su piel, como si el tiempo diera un último giro antes de detenerse.
Aquel  instante quedó suspendido, intacto en su memoria, tan claro como si aún estuviera sucediendo.

Y entonces, la voz de Héctor rompió el silencio del recuerdo, no como un desvío, sino como un hilo que la traía de vuelta:

—¡Marina!

El presente no irrumpió, se deslizó entre los bordes del recuerdo,  como una sombra  que avanza hasta el crespúsculo, dejando lo vivido en una calma nueva. 

Ella sonrió, caminando hacia él,  sin pesar, con la certeza de que lo vivido no se desvanece: se acomoda, se transforma, entre los pliegues del ahora.

NaDa.

 

 









                                                              






domingo, 10 de marzo de 2013

LUPUS







Hay veces que
rodando por sendas olvidadas
me parece intuir
que la sombra del lobo
me acompaña.


NaDa



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

miércoles, 4 de julio de 2012

HACIA EL OESTE




  

Ávida de olvido se sumergió en la tarde otoñal.
Un grueso jersey  de cuello alto, unos jeans y una botas -expertas andarinas- completaban todo el atuendo sobre un cuerpo menudo y bien formado.

Caminaba pausadamente, permitiendo que el aroma a tierra mojada por la intermitente y finísima lluvia o el colorido de los árboles, cuyas hojas en decadencia anunciaban un cercano invierno, la evadieran de sus recuerdos.

Cruzó un pequeño puente de piedra bajo el que las aguas del río discurrían impetuosas y cantarinas hacia la desembocadura, como si presintieran la proximidad de su unión con un mar inmenso y poderoso. Entonces, como un eco lejano, volvió a su memoria una frase: "Cuando el rio se une con el mar nacen milagros".

Aunque intuía que no era realmente suya, la evocación la envolvió con la misma intensidad que el rumor del agua.. 

Agudizó sus sentidos para oír el leve chasquido que producían  sus pisadas sobre el suelo alfombrado de hojas cobrizas y anaranjadas; paseó su mirada por las robustas cortezas grises de los árboles, escuchó el canto de  las avecillas e imaginó que le daban la bienvenida a un mundo de hadas, el mismo mundo que le gustaba imaginar cuando era niña, mientras caminaba cogida de la mano de su padre y éste le contaba misteriosos cuentos de dragones, princesas y serpientes de siete cabezas.  

Iba ascendiendo por la leve colina, despacio, pulsando el tiempo, con la determinación de quien espera el sublime instante del encuentro con lo desconocido, mientras su corazón se estremecía en una lucha, como si cada latido buscara un horizonte distinto, y el aire húmedo de la tarde le ofreciera un refugio invisible.

No hubo respuesta, solo el murmullo del río y el crujir de las hojas, como voces antiguas que la invitaban a perderse en lo eterno.

Y así siguió ascendiendo, consciente de que lo desconocido no era un destino, sino un instante suspendido en la memoria del tiempo. Al llegar a lo alto, cuando el río se entregaba al mar, comprendió que los milagros no eran promesas, sino instantes que se desvanecen como huellas en la arena.

NaDa

 

 

 


 






domingo, 10 de abril de 2011

MIL GRACIAS




A todos los que aún queriendo no asistieron.
A todos los que quisieron y pudieron.
A todos los que sin estar estuvieron.
A los de siempre.
A los cercanos.
A  los nuevos.
A los lejanos.

A todos.


A todos mil gracias, aunque las palabras no sean suficientes para expresar mi gratitud.

NaDa

sábado, 12 de marzo de 2011

NOTA

Imágen: Toñi Ordoñez



Cuando abrí este pequeño espacio, no lo hice para hablar de mí. Ni de lo que me gusta, ni de lo que me atraviesa, aunque todo eso, inevitablemente, irá deslizándose entre líneas. 
Lo hice por el simple placer de probar, de jugar, de tender palabras al sol. Como si de un tenderete de ropa blanca, expuesta a la  brisa se tratara, confiando en que el viento las acaricie y la luz las revele.
 
Aquí quiero ir dejando pensamientos sueltos, ideas que se escapan, fragmentos de otros o propios. Textos que ondean al ritmo de lo que soy, lo que siento o lo que la vida me susurra.

Todo queda aquí, a la vista de aquéllos que quieran ojearlo.


NaDa