Nada
Cuando el invierno me alcance
y el inminente crepúsculo anuncie la llegada de la oscuridad infinita
quiero que mis humildes huesos convertidos ya en cenizas
se unan donde mi corazón siempre estuvo:
en el Mar.
Sus intensas aguas azules se mezclarán con una vida intangible
azotada a veces por impetuosas tormentas de olas negras
otras, azules aguas mansas, cadenciosas, acompasadas
como si de una respiración profunda se tratara.
Lamiendo mis cabellos que saben a
Vientos del Norte.
Y cuando mis cenizas hayan alcanzado el horizonte
acaso ya en otros mundos
sonreiré por haber vivido, por haber sido
aun sin ser.
NaDa
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