Los que me conocen bien, saben de mi pasión por las motos. Más concretamente, por las Custom, aquellas que se pueden personalizar según la estética preferida por su dueño.
De esta manera la máquina se convierte en una prolongación de quien la monta, o quien la monta, en una prolongación de la máquina, llegando a existir entre ambos una complicidad difícil de entender por personas ajenas a esta cultura.
Ambos, hierro y piel, explorarán por laberínticas curvas donde el placer de mecerse llegará a su grado máximo. Otras veces, sin embargo, pilotarán por infinitas rectas cuyo horizonte -violetarojoanaranjado- no querrán alcanzar, deseando que el tiempo pudiera detenerse para prolongar el momento intenso y único de la espectacular visión.
Y así, mientras rulo, la melena cubierta por el casco, excepto esas largas puntas que escapan para jugar con el viento, la mirada muy atenta, consciente de dónde estás y lo que llevas entre las manos, dominando la montura que muestra vanidosa sus faros como si de soles se tratara, o los cromados, relucientes espejos donde se reflejan diminutas partes de naturaleza que van cambiando de escenario a medida que rodamos por el asfalto, disfruto del personal y melódico rugido de sus escapes.
A veces siento la necesidad de gritar, así, sin más; sintiéndome libre, como un pura sangre, galopando sólo o en manada.
De esta manera la máquina se convierte en una prolongación de quien la monta, o quien la monta, en una prolongación de la máquina, llegando a existir entre ambos una complicidad difícil de entender por personas ajenas a esta cultura.
Ambos, hierro y piel, explorarán por laberínticas curvas donde el placer de mecerse llegará a su grado máximo. Otras veces, sin embargo, pilotarán por infinitas rectas cuyo horizonte -violetarojoanaranjado- no querrán alcanzar, deseando que el tiempo pudiera detenerse para prolongar el momento intenso y único de la espectacular visión.
Y así, mientras rulo, la melena cubierta por el casco, excepto esas largas puntas que escapan para jugar con el viento, la mirada muy atenta, consciente de dónde estás y lo que llevas entre las manos, dominando la montura que muestra vanidosa sus faros como si de soles se tratara, o los cromados, relucientes espejos donde se reflejan diminutas partes de naturaleza que van cambiando de escenario a medida que rodamos por el asfalto, disfruto del personal y melódico rugido de sus escapes.
A veces siento la necesidad de gritar, así, sin más; sintiéndome libre, como un pura sangre, galopando sólo o en manada.
NaDa
Hoy, domingo, comienza en Qatar el campeonato del mundo de Motos GP.
Tenemos excelentes pilotos en todas las categorías, Marc Márquez, Nico Terol, Toni Elías, Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo...
Entre ellos quiero destacar la figura de Laía Sanz, primera mujer española que logra ser campeona del mundo, en diez ocasiones, en la categoría de trial.
En 2011 participó por primera vez en el Dakar de motos, acabando en la 39ª posición en la clasificación general, y en la primera posición en la categoría femenina.
No quiero dejar sin mención a Valentino Rossi, piloto italiano, que este año con su nueva Ducati seguro que nos deparará agradables sorpresas.
© 2011 NaDa. Todos los derechos reservados.
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